CAPITULO 2: “AQUEL DÍA” (PARTE II)

” Petrificada, sin saber qué hacer, vi como gritaba una y otra vez mi nombre para que la ayudara; cómo el peso de sus ropas la fueron hundiendo hasta que estuvo completamente sumergida.

Cuando pude reaccionar, gritaba entre sollozos el nombre de mi padre y de mi madre. Pero, cuando mi padre llegó, mi hermana se había hundido en las heladas aguas del lago. A pesar de los grandes esfuerzos de mi padre por encontrarla, nunca llegamos a recuperar el cuerpo de Elena.

Dieciséis años después de aquello, seguía llorando la muerte de mi propia vida a orillas de las llamas de la culpabilidad. A orillas de aquel maldito lago, no sé si fue por el sol abrasador que calentaba mi cabeza, o por la marejada del océano de rancios sentimientos en los que me había sumergido, que al levantar la mirada, encontré la visión de mi querida hermana mirándome desde el otro lado del lago.

Sabía que era imposible que estuviera allí, de  pie, mirándome. Aún así, le hablé:

Has venido. – abrí la boca y de mi garganta tan solo se escapó un susurro.

Nunca me marché. – me dijo, sin moverse, rígida, con la mirada fija en mi mirada.

Tengo tanto que explicarte… Perdona mi cobardía. Mi corazón no ha descansado ni un momento desde que te perdí.

Desde donde se encontraba, continuaba mirándome, sin moverse, sin decir nada. Observaba mi desesperación por hablarle de lo que pasó, de explicarle cómo había añorado poder abrazarle una última vez. No podía creer que Elena y yo estuviésemos frente a frente, pero ante mí estaba aquella niña que se alejó a tan temprana edad. Aún llevaba el vestido blanco y el abrigo color teja, tal y como la recordaba. Me observaba con sus ojos ingenuos y me hablaba con frialdad en su voz. Y, a pesar que su piel estaba pálida y sus venas estaban heladas por la falta de vida, seguía siendo la niña de diez años que un día se fue para no volver.

Jamás me perdoné lo que ocurrió. Desde aquel día, siempre me faltó algo. A cada acontecimiento de mi vida, encontré un abismo impracticable. Me faltó el amor de una hermana a quien consultarle cuando comencé el instituto, cuando salí por primera vez con un chico, cuando celebramos mi graduación universitaria, y ahora, cuando me voy a casar con el hombre de mis sueños. Me faltó poder alegrarme contigo, vivir contigo. Y, sin embargo, sabes que cada minuto que he vivido lo he hecho por ti.

Lo sé.– Y una pequeña mueca en el labio superior de Elena apareció como un atisbo de humanidad.

Te he echado tanto de menos… – decía mientras me incorporaba con gran cuidado, pues tenia miedo que desapareciera si hacía un movimiento brusco.

Tú tambien me has faltado.– dijo Elena con su imperturbable tono de voz.

El silencio invadió el lugar y permanecimos calladas mientras expresábamos nuestros sentimientos con nuestras miradas. En mi interior, sabía que no podía ser real, sabía que mi subconsciente me jugaba una mala pasada. Pero, aún así, mi corazón no quería que acabase este fantasmagórico momento. El silencio se rompió. MI pequeña hermana habló:

Virginia, no te culpes más. Donde yo estoy no sufro.

Sabes que mi vida te pertenece.- contesté con decisión.

Elena permaneció en silencio, ratificando que lo sabía.

¿Volverás a reclamarme tu vida? – Las lágrimas aparecieron en los bordes de mis ojos.

Probablemente.– contestó fríamente ella.

Te quiero, siempre te he querido, Elena.– decía yo mientras la pena de su pérdida invadía mi pobre marchito corazón por tanto sufrimiento.

Las lágrimas no me dejaron ver cómo se alejaba de mi lado y su imagen se perdía entre los troncos de los árboles del bosque de hayas. De nuevo el dolor de su ausencia me hacía retornar a aquella sensación de soledad, tan familiar, tan adherida a mi desde aquel día. Por fin, pude decirle todas aquellas palabras que se perdieron enterradas bajo las hojas caídas y marchitas amontonadas en la tierra. Al fin, mi corazón sintió un gran alivio, aunque sabía que esa carga me acompañaría hasta el final de mis días.

Ofuscada por mis propios pensamientos, comencé a andar de regreso al mundo al que pertenecía. Continuaba llorando sin consuelo, mientras me convencía a mí misma de que aquello no había sucedido en realidad. Mas, por mucho que lo intentara, mi conversación con Elena había sido real.

Un sonido en la lejanía me hizo reaccionar. Volví a prestar atención:

¡Elena!¡Elena! – era la inconfundible voz de mi madre llamando a mi hermana.

Guiándome por el sonido de su voz, la busqué hasta que discerní su figura caminando entre las hayas. Cuando la tuve lo suficientemente cerca, le hablé, aún llorando por la emoción…

Madre, estoy aquí.- dije mientras secaba mis ojos.

HIja, me tenías preocupada. Desapareces de tu fiesta, ¿qué clase de anfitriona eres tú? –  dijo con tono cariñoso mientras pasaba su brazo por encima de mi hombro y me abrazaba afectuosamente.

Admiro mi poder de decisión. Todavía me pregunto cómo una niña de ocho años pudo tomar la decisión más importante de su vida. Una decisión que la convertiría para siempre en otras persona, con otra identidad, inclusive con una edad mas madura.

Fue allí, mientras mi padre cogía por los hombros a Virginia y la azuza con ansiedad en busca de respuestas, y mientras que Elena se ahogaba por la cobardía de su hermana, Virginia murió para que Elena viviese.

Algunas veces pienso que mi madre lo supo desde el principio. De hecho así era. Pero mi madre dejó que Elena viviera la vida en nombre de Virginia, sin intentar siquiera, por miedo a un mayor agravio, hacer que Virginia rechazara la idea de vivir lo que su hermana ya no podría.

Así fue. Cuando mi padre, ante la desesperación y el nerviosismo del momento, me preguntó aquel día:

¡¿Dónde ha caído Elena?! ¡Virginia, contéstame! ¿Dónde ha caído?

Yo contesté… “¡No! ¡Se ha caído Virginia!… Yo soy Elena

Así fue cómo Elena vivió para siempre y Virginia encontró la manera de realizar su penitencia. Aquel día, yo le quité la vida a mi hermana, y era de derecho que ella viviera la mía. ”

CIUDAD REAL, 2 DE MARZO DE 2004

PREMIO IV CERTAMEN PROVINCIAL DE RELATO CORTO “ANA DE CASTRO”

CMG

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5 pensamientos en “CAPITULO 2: “AQUEL DÍA” (PARTE II)

  1. hécate novias, peluqueria y estilistas dice:

    Me ha encantado…Sigue publicando que yo te sigo… ¡¡Merece la pena leerte!!

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  2. Rocío dice:

    Sabía que lo había leído antes, si recuerdas me regalaste el libro… Maravillo como tú… Besos artista.

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  3. Marinieves dice:

    Cristina , me ha gustado mucho .!!!
    …no sabia que lo tenías publicado y premiado .
    Seguiremos viéndonos !!! Bsss

    Le gusta a 1 persona

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