PENSAMIENTO DE MIGA DE PAN

   Me desperté con esa sensación tan familiar de batalla perdida. De nuevo, parecía que el tiempo se escapaba por entre mis dedos sin conseguir retenerlo. Aquel domingo se tornaba estresante y en mi cabeza tronaba y relampagueaba en el ático de mis ideas, nublando mi entendimiento y dando palos de ciego a diestro y siniestro.

   Otro dia más en el que mi pesar engordaría…. La pena llenaba mi corazón por orden de un cerebro que no paraba de exigir movimiento sin orden enlazando artes de ilusionismo y engaño.

   Cogimos el coche y una preciosa mañana nos esperaba fuera de los muros de mi soledad. Una dulce armonia silenciosa comenzó a sonar. El sol espléndido de esa mañana de invierno acarició cálidamente mi brazo. Mis facciones se relajaron y me acomodé en el sillón del coche. El dia tornaba hacía un horizonte desconocido.

   “Para en ese cajero, por favor. No tengo un euro en el bolso”. Le pedí y él paró el motor delante del cajero automático. Una gélida maraña de viento me esperaba al salir y un escalofrío helado me erizó el bello de las piernas.

   Introduje ese trozo de plástico en las fauces de la maquina administradora de billetes y marqué mi codigo pin. De nuevo, frío: el sol se nublaba. El viento crecía.

  Fue entonces cuando un tintineo, que rompió el silencio de la calle de primeras horas de la mañana, se enrredó en mi conducto auditivo y un escalofrío de nuevo recorrió mi cuerpo por la espina dorsal hasta acabar en mi cabeza, que cansada de tanto tronar y destrozada por el pedrisco, se inhundó de imagenes de mi niñez cuando bajabamos a jugar a esta misma calle y de fondo escuchabamos las campanitas de la puerta de la panaderia de Mari. Por un momento, sentí estar allí, al otro lado de las fronteras del tiempo. Observando a mis compañeros de juegos en una calle sin coches, sin tráfico, sin prisas.

   Me volví instintivamente y una lágrima resvaló por mi mejilla, hasta la comisura de mis labios sonrientes. Una sonrisa inocente y agradecida. Suspiré de alivio. Y mi corazón se espandió por fuera de sus límites.

   La maquina comenzó a pitar de una forma muy desagradable, e interrumpió mi recuerdo.

Pensé ” Me llama el dinero…. Qué ironia, mis bolsillos vacíos, pero qué más dará,  si mi corazón está lleno de oro líquido en forma de recuerdos entrañables y armonía de ritmos infantiles”.

CMG

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