EL AUTOBÚS

Pasaron otoños, inviernos, primaveras, y su vida seguía girando hacia los mismos lugares, a la misma hora.

Una monotonía que cubría los días tras días en aquella región de cielos grises y rachas de vientos fuertes.

A veces llovía, y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del autobús. Las miraba fijamente, tratando de encontrar una salida a la rutina que le desbordaba la cabeza y saturaba su corazón. Y en aquella gota cristalina se reflejó ella: la desconocida que cada mañana compartía su trayecto en la fila de al lado, inmersa en un libro y con una sonrisa en los labios.

Entonces él imaginaba que el autobús era la casa de los dos. Había hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio y el cuarto de baño. Y se imaginaba que ella siempre estaba en la cocina con el delantal, concentrada, amasando pan. E imaginaba una vida feliz…..

Quizás estaba enamorado en lo más profundo de su corazón, pero todo era una incógnita, pues nunca había dirigido una palabra a la desconocida del asiento de la fila de al lado. Sabía a ciencia cierta que ellos vivían en el autobús que no paraba de dar vueltas a la ciudad, como la Tierra no paraba de dar vueltas bajo sus pies.

Y vivían, estaba claro. La lluvia o la niebla los protegía de las miradas de los de afuera.

Él la miraba cada mañana de reojo. No había navidades, ni veranos, ni Semanas Santas, pues ella siempre subía y él siempre la observaba, sin necesidad de nada más. Todo el tiempo llovía y ellos viajaban solos eternamente, sin hablarse, sin saberse nada de sí mismos. Pero a él le era más que suficiente.

Cerraba los ojos, y siempre se los imaginaba …. abrazados….

CMG

 

Texto basado en el texto de Juan José Millás, “El paraiso era un autobús”

Foto: “Bus at nigth”, cedida por http://es.freeimages.com/

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HOJAS DE CEREZO

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Hoy recuerdo bajo mi cerezo en flor, aquel día que nos conocimos.
Sentada, apoyada la espalda en su tronco labrado en el tiempo, dejo que las hojas que se caen en el declibe de su temporada cubran la falda de mi kimono.
Recuerdo aquel momento…

Yo derribada en el suelo tras una cruel bofetada de mi maestra.

Mis finos ropajes desparramados por la tarima.
Mis temblorosas manos en la cara.
Mis cabellos despeinados sobre mi blanca cara, manchados de carmín y lágrimas.
Mi alma quebrada, de la decimosexta hija del emperador en su quinto matrimonio.
Mi voluntad dirigida a ser poetisa, al conocimiento del arte y las costumbres.
Humillada, creía marchitar.

Cuando llegó tu mano extendida, tras una bella mirada de ojos profundos, que me trasportan a otro exótico mundo, donde todo es posible.

Convirtiendote en mi danna, hermoso capitán de barco forastero.

Cuando te necesito, apareces sin más, cual mago. Mago del momento, y de las mareas de sábanas de satén.

Extendiste la mano y se me grabó en el alma tu sonrisa encantadora de los vientos que soy capaz de mover por ti.

Dia trás día, extiendes la mano para levantarme y decirme : ” Una mano, amiga”.

 

CMG

 

Relato ganador de Reto N°53: “Una mano amiga.” TERRITORIO ESCRITORES

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GRACIAS POR AMARME

Algunas veces es duro para mí decir las cosas que me gustaría decir.

No hay nadie más aquí excepto tú y yo, y estas viejas y rotas farolas de la calle.

Cierra las puertas.

Dejemos el mundo fuera.

Todo lo que yo tengo para darte, son estas tres palabras:

 

Gracias por amarme.

Por ser mis ojos, cuando no podía ver.

Por separar mis labios, cuando no podía respirar.

Gracias por amarme.

 

Nunca supe que tenia un sueño, hasta que ese sueño fuiste tú.

Cuando te miro a los ojos, el cielo tiene un azul diferente.

Atraviesa mi corazón, no llevo ningún disfraz.

Si lo quisiera, tu me harías creer, que crees mis mentiras.

 

Tu me levantaste cuando me caí.

Tocaste la campana antes de que ellos me derrotaran.

Si me estuviese ahogando, tu partirías el mar y pondrías tu propia vida en peligro para rescatarme.

 

Cierra las puertas.

Dejemos el mundo fuera.

Todo lo que yo tengo para darte, son estas tres palabras:

 

Gracias por amarme.

Por ser mis ojos, cuando no podía ver.

Por separar mis labios, cuando no podía respirar.

Cuando yo no podía volar, Tú me diste alas.


GRACIAS POR AMARME.

 

CMG