LA PLAYA DEL SUR

Aza caminaba por la inmensa playa del sur al anochecer.

El sol caía tiñiendo de rojo el cielo y haciendo un efecto amoratado con el agua azul profundo del más en el horizonte, extendiendo sus últimos rayos como cristales brillantes sobre las olas.

Mientras tanto, una tímida luna asomaba por el otro extremo.

A Aza le gustaba sentir sus pies descalzos sobre la arena, mientras las olas incesantes del mar le bañaban y una suave brisa calmaba su piel dorada.

A lo lejos, creyó ver la figura de una persona sobre las rocas del espigón. “Serán pescadores.”, pensó. Los pasos de aquella sombra eran diferentes. Pausados, tranquilos, parecía que sus pies no tocaban el suelo.

Intrigada, se acercó al espigón. “No será nada.”, se dijo. Pero en aquella escena había algo instigador. Se sorprendió cuando, de la nada, apareció un perro grande que iba tras la sombra. Y el animal le miró con sus ojos rojos. Durante unos largos segundos, Aza conectó con aquellos ojos  escarlata y pudo sentir un frío glacial que recorrió su cuerpo y congeló el latir de su corazón.

Aza se encontraba a los pies del espigón, y pudo contemplar a una chica de pelo rubio platino con un camisón blanco que bajaba por entre las roca dirigiéndose hacía ella.

Aza permaneció paralizada, no podía mover ni un solo músculo.

La chica se paró a unos metros frente a ella. Entre susurros empezó a hablar. Casi inaudibles palabras, que Aza conseguía entender con claridad.

Aza pestañeó varias veces, no podía creer que le estuviera hablando. Tenía una voz dulce y tierna. Le decía:

“¿Me puedes ver? Yo soy la hija de la Luna. Paseo por esta playa desde el comienzo de los tiempos para amainar las tempestades que mi madre envía a la Tierra por sus celos a los humanos. Bienvenida a mi mundo, Aza.”

Tardó unos minutos en reaccionar y al volverse la Luna llena bañaba toda la costa, mientras las plateadas aguas del mar permanecían en un equilibrio silencioso de fuerza y calma, de Tierra y sal.

CMG

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TORMENTA EN EL ÁTICO DE MIS PENSAMIENTOS

Dedicado las amables personas que engloban Territorio de Escritores.

Mil gracias por la cariñosa bienvenida y por haberme hecho finalista del reto Num. 46,

estoy muy agradecida. Y gracias por darmepermiso para poder publicarlo en mi blog.

 

 

Amanecía gris. En el horizonte se podían distinguir fogonazos de luz.

 

No sé cuanto tiempo llevaba caminando por el laberinto de cemento. Desorientada, sin poder detenerme, perdida en mi nulo juicio.

 

En ese momento no me importaba nada. Era precisamente lo que me había estado pasando durante tantos años. Algo se corroía en mi interior.

 

Reflexioné sobre mi vida, una pantomima dirigida por los demás. Tenía una profesión. Un sustento económico. Aunque todo ello había significado renunciar. Dejándome arrastrar por la corriente de la sociedad, había cumplido con lo que se esperaba de mí y había alcanzado la cresta de la ola en la que todos nos movemos alguna vez. Pero esa ola ha de chocar contra las rocas del desfiladero y hacerte añicos en el impacto.

 

Estaba sentada en el parque cuando comenzó a llover. No reparé en que por fin había respondido a alguna de las tantas preguntas que atormentaban el ático de mis pensamientos. Detrás de todo aquel caos, una pregunta: ¿Estoy en crisis?

 

Acompañaron a la lluvia, mis propias lágrimas evacuando aquel ático caótico que no conseguía gobernar. Lloré amargamente por todo lo que había sido, por todos los sueños perdidos, por todo aquello que jamás llegué a ser.

 

Miré hacía el cielo. Las nubes reflejaban mi propio corazón. El agua corría por mi rostro. Tenía empapado mi ser. Alrededor de mí se creó un torrente de agua que se iba por la alcantarilla. Mi mente estaba parada. Era como si yo misma no existiera por unos momentos.

 

De repente, dejó de llover. El viento azuzó fuertemente todo. El ático de mis pensamientos, sorprendentemente, parecía limpio, sereno y con olor a tierra mojada.

¿Crisis? Tal vez sí. Al fin, tenia claridad. Podía discernir mis antiguos sueños y el camino que me conducían a ellos. Podía vislumbrar un futuro motivador. Aquella parada terminó con un gran suspiro y mi última lágrima. Estaba preparada para el destino. Tenía por delante un mundo de ideas que crecían fuertes tras la bruma que no me había dejado ver.

 

Me levanté. Una nueva persona que mejorar.

 

Si esto eres Crisis, Bienvenida seas.

 

CMG