SIN ALIENTO

Elisa llevaba muchos años trabajando en aquella empresa, arropada por sus logros laborales. Vivía en Madrid, o eso suponía. Su amado trabajo le obligaba a estar fuera de casa durante largas temporadas de tiempo. Reconocía que le gustaba viajar, sobre todo en avión.

 

Se despertó cuando encendieron las luces de aterrizaje para que los pasajeros se abrocharan los cinturones de seguridad para tomar pista en Barajas. Estaba agotada, se había quedado dormida con la tablet encendida sobre su regazo. Recogió su maleta de mano, su maletin y fue rauda a coger un taxi que le llevara a casa.

 

Vencida en el asiento de atrás del taxi, observaba cómo pasaban las luces de las calles de la gran ciudad. Se percató de que todas aquellas imágenes le eran ajenas. Nunca había paseado por aquellas anchas avenidas, ni tomado un té en ninguno de aquellos Cafés, ni visitado ninguno de aquellos museos. No conocía Madrid. Una sensación de soledad embargó su corazón cansado por el viaje. ¿Realmente vivía allí?

 

Recordó todas aquellas cosas que le decía su madre de niña: “Hija, lábrate un futuro para que no tengas que mal vivir.” Y resonaron en cada una de las concavidades de su cerebro. Se vió reflejada en el cristal del taxi, cansada, sin aliento. Qué cantidad de cosas a las que había renunciado para labrarse su futuro. ¡Qué contradicción! Había construido un futuro sin pareja, sin hijos, sin amigos, sin lugar donde vivir. ¿Cuándo renunció a ser astrónoma? En aquel momento de introspección, algo encajó haciendo clic en su interior.

 

Pidió al taxista que parara el coche para bajarse frente a la fuente de Neptuno. Como en una isla solitaria, Elisa se descalzó, se sentó en el borde de la fuente, y metió sus pies. Sentía como se le iban mojando lentamente las medias. Sentía como el frío del agua le subía por la columna vertebral. Estiró su cuello, se sacudió su cansancio. Y por fin, miró hacía las estrellas, infinitas, brillantes, misteriosas. Había llegado la hora de observar las estrellas lentamente, y no solo por el ojo de buey de un avión.

 

CMG

 

 RETO NUM.49: “CONTRADICCIÓN”. TERRITORIOS ESCRITORES

 

 

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TORMENTA EN EL ÁTICO DE MIS PENSAMIENTOS

Dedicado las amables personas que engloban Territorio de Escritores.

Mil gracias por la cariñosa bienvenida y por haberme hecho finalista del reto Num. 46,

estoy muy agradecida. Y gracias por darmepermiso para poder publicarlo en mi blog.

 

 

Amanecía gris. En el horizonte se podían distinguir fogonazos de luz.

 

No sé cuanto tiempo llevaba caminando por el laberinto de cemento. Desorientada, sin poder detenerme, perdida en mi nulo juicio.

 

En ese momento no me importaba nada. Era precisamente lo que me había estado pasando durante tantos años. Algo se corroía en mi interior.

 

Reflexioné sobre mi vida, una pantomima dirigida por los demás. Tenía una profesión. Un sustento económico. Aunque todo ello había significado renunciar. Dejándome arrastrar por la corriente de la sociedad, había cumplido con lo que se esperaba de mí y había alcanzado la cresta de la ola en la que todos nos movemos alguna vez. Pero esa ola ha de chocar contra las rocas del desfiladero y hacerte añicos en el impacto.

 

Estaba sentada en el parque cuando comenzó a llover. No reparé en que por fin había respondido a alguna de las tantas preguntas que atormentaban el ático de mis pensamientos. Detrás de todo aquel caos, una pregunta: ¿Estoy en crisis?

 

Acompañaron a la lluvia, mis propias lágrimas evacuando aquel ático caótico que no conseguía gobernar. Lloré amargamente por todo lo que había sido, por todos los sueños perdidos, por todo aquello que jamás llegué a ser.

 

Miré hacía el cielo. Las nubes reflejaban mi propio corazón. El agua corría por mi rostro. Tenía empapado mi ser. Alrededor de mí se creó un torrente de agua que se iba por la alcantarilla. Mi mente estaba parada. Era como si yo misma no existiera por unos momentos.

 

De repente, dejó de llover. El viento azuzó fuertemente todo. El ático de mis pensamientos, sorprendentemente, parecía limpio, sereno y con olor a tierra mojada.

¿Crisis? Tal vez sí. Al fin, tenia claridad. Podía discernir mis antiguos sueños y el camino que me conducían a ellos. Podía vislumbrar un futuro motivador. Aquella parada terminó con un gran suspiro y mi última lágrima. Estaba preparada para el destino. Tenía por delante un mundo de ideas que crecían fuertes tras la bruma que no me había dejado ver.

 

Me levanté. Una nueva persona que mejorar.

 

Si esto eres Crisis, Bienvenida seas.

 

CMG