LA PLAYA DEL SUR

Aza caminaba por la inmensa playa del sur al anochecer.

El sol caía tiñiendo de rojo el cielo y haciendo un efecto amoratado con el agua azul profundo del más en el horizonte, extendiendo sus últimos rayos como cristales brillantes sobre las olas.

Mientras tanto, una tímida luna asomaba por el otro extremo.

A Aza le gustaba sentir sus pies descalzos sobre la arena, mientras las olas incesantes del mar le bañaban y una suave brisa calmaba su piel dorada.

A lo lejos, creyó ver la figura de una persona sobre las rocas del espigón. “Serán pescadores.”, pensó. Los pasos de aquella sombra eran diferentes. Pausados, tranquilos, parecía que sus pies no tocaban el suelo.

Intrigada, se acercó al espigón. “No será nada.”, se dijo. Pero en aquella escena había algo instigador. Se sorprendió cuando, de la nada, apareció un perro grande que iba tras la sombra. Y el animal le miró con sus ojos rojos. Durante unos largos segundos, Aza conectó con aquellos ojos  escarlata y pudo sentir un frío glacial que recorrió su cuerpo y congeló el latir de su corazón.

Aza se encontraba a los pies del espigón, y pudo contemplar a una chica de pelo rubio platino con un camisón blanco que bajaba por entre las roca dirigiéndose hacía ella.

Aza permaneció paralizada, no podía mover ni un solo músculo.

La chica se paró a unos metros frente a ella. Entre susurros empezó a hablar. Casi inaudibles palabras, que Aza conseguía entender con claridad.

Aza pestañeó varias veces, no podía creer que le estuviera hablando. Tenía una voz dulce y tierna. Le decía:

“¿Me puedes ver? Yo soy la hija de la Luna. Paseo por esta playa desde el comienzo de los tiempos para amainar las tempestades que mi madre envía a la Tierra por sus celos a los humanos. Bienvenida a mi mundo, Aza.”

Tardó unos minutos en reaccionar y al volverse la Luna llena bañaba toda la costa, mientras las plateadas aguas del mar permanecían en un equilibrio silencioso de fuerza y calma, de Tierra y sal.

CMG

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DESPIERTAME PRIMAVERA

Gotas de rocío del alba se forman sobre mí,

sobre el verde clorofila de mis hojas.

En mi tronco verde musgos arraigado.

Abro un ojo, un destello de una fuerte luz nubla mi visión.

Me retuerzo, me ha deslumbrado.

Los ojos me duelen.

Vuelvo a abrirlos, veo otro rayo del padre Sol.

Lo acojo, me percato de que estoy saliendo de ese largo sueño de invierno.

Mis raíces se desperezan, se estiran y se ahondan más en la madre Tierra.

Mi  esbelto tronco se endereza buscando el cálido abrazo del Sol.

Mis ramas desnudas ahora, comienzan a dar brotes de vida.

Vida verde, fruto de mi interior, fruto de mí.

¡Vida!

 

Sé lo que siento, Vida por fin.

Llegó la Primavera.

Por fin, cambia de estación.

Puedo olvidar el invierno pasado, de aquellas mañanas de hielo, fría escarcha y estupor.

Siento las cosquillas de los pájaros revoloteando entre mi copa.

Los mirlos cantan en este amanecer.

Se forman nidos en sobre mis ramas.

Contemplo con cariño, tras los rayos de Sol, mis imponentes ramas, verdes y en flor.

 

CMG

 

RETO NUM.47: “COLOR DE PRIMAVERA”. TERRITORIOS ESCRITORES

PENSAMIENTO DE ALAS DE MARIPOSA

Andaba por el parque del barrio con mis zapatillas de deporte bien anudadas. Paseaba a mi perro bajo un sol radiante de invierno, que vaticinaba la cercanía de una primavera incipiente.
No habia nubes. No habia ruidos. Ni siquiera en mi cabeza.
Me percaté de que no me había dado cuenta cuando habian desaparecido, por fin,los truenos del ático de mis pensamientos y me habia dejado fluir en el abrazo cálido del sol de mediodia.
Cubiertos mis ojos por las gafas de sol, podia ver los reflejos de mis ojos en los cristales. Brillaban.
Silencio.
Cuanto agradecia que lo único que oyera fuera el canto de los pajaros revoloteando de arbol en arbol, de arbusto en arbusto.
Mi amigo cuadrupedo y yo ibamos al fin relajados.
Algo pequeño apareció en mi radar… sin rumbo definido, balanceandose gracilmente hacia mi…. hipnotizando mi mirada, que no podia dejar seguir…. más cerca, descubrí que de una mariposa se trataba, con cuerpo pequeño negro y peludo, y una enormes alas negras con tonos amarillos.
Me maravillé como quien recibe un impacto en cuestión de milésimas de segundo… la mariposa rozó suavemente mi oreja derecha y creí comprender en un susurro: “Bienvenida”.

CMG