LA BUFANDA VERDE

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  Los niños del parque pronto se retirarian, llegaba la hora del oscaso. El viento repetitivo del día movía incesantemente las copas de los arboles. Los pájaros elaboraban su danza en el cielo nublado y cantaban augurando lluvia.

  Blas estaba allí sentado como todos los días observando el movimiento de los niños. Arropado con su manta de cuadros, hacia fotos inmortanlizando las escenas que más le gustaban. Desde muy niño, le gustaba observar a la gente en el transcurrir de los días.

  Para él era una rutina: levantarse, lavarse la cara, peinarse hacia atrás, desayunar y salir a la calle para encontrarse con los rostros desconocidos de la gente.
Ninguno era igual. Llegó a la conclusión que cada uno de nosotros somos únicos. No había nadie que fuera como él. Características similares en un coctel de células  y moléculas, y como resultado cada uno de nosotros. Sin embargo, como cada mañana, esos rostros desconocidos y únicos, hacían lo mismo: dirigirse al metro, no hablaban, leían, llevaban el periodico bajo el brazo, bebían café apresuradamente, …. Eso era lo que les igualaba, esa rutina de los actos cotidianos. Igual que él, que cada día venía a ese parque, a saber porquę, era su rutina.

  Los niños ya se habían marchado, reinaba la tranquilidad en el parque. Era la hora de regresar a casa. Lió la cámara de fotos entre los pliegues de su manta. Se puso los guantes de cuero con ese olor rancio que tenían  y agarró con la rueda de su silla con fuerza para comenzar a moverse.

Sus ojos, de repente, captaron fugazmente un verde manzana vivo. Retrocedió para buscarlo. Sí, era ella. Aquella desconocida llevaba una bufanda verde de lana enrollada varias veces al cuello.

La escondía muy bien del frío, tanto que tan solo se le veían los ojos mientras leía un librode historia contemporánea en un banco frente al suyo. No pudo evitar desenrollar de nuevo su cámara y sacar varias fotos antes de que la muchacha se dieran cuenta de su presencia y clavara sus ojos color miel en sus pupilas. Se quedó frio, obnubilado.

  Llegaría tarde a la cena, pero merecería la pena….

CMG

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DESPIERTAME PRIMAVERA

Gotas de rocío del alba se forman sobre mí,

sobre el verde clorofila de mis hojas.

En mi tronco verde musgos arraigado.

Abro un ojo, un destello de una fuerte luz nubla mi visión.

Me retuerzo, me ha deslumbrado.

Los ojos me duelen.

Vuelvo a abrirlos, veo otro rayo del padre Sol.

Lo acojo, me percato de que estoy saliendo de ese largo sueño de invierno.

Mis raíces se desperezan, se estiran y se ahondan más en la madre Tierra.

Mi  esbelto tronco se endereza buscando el cálido abrazo del Sol.

Mis ramas desnudas ahora, comienzan a dar brotes de vida.

Vida verde, fruto de mi interior, fruto de mí.

¡Vida!

 

Sé lo que siento, Vida por fin.

Llegó la Primavera.

Por fin, cambia de estación.

Puedo olvidar el invierno pasado, de aquellas mañanas de hielo, fría escarcha y estupor.

Siento las cosquillas de los pájaros revoloteando entre mi copa.

Los mirlos cantan en este amanecer.

Se forman nidos en sobre mis ramas.

Contemplo con cariño, tras los rayos de Sol, mis imponentes ramas, verdes y en flor.

 

CMG

 

RETO NUM.47: “COLOR DE PRIMAVERA”. TERRITORIOS ESCRITORES